domingo, 28 de agosto de 2011

Esa mañana, esta noche

Esa mañana, cuando despertamos, éramos dos en la cama.  Al abrir los ojos, un lejano rumor me hizo tomar consciencia de que por la noche, dentro de mí, habían vivido dos personas al mismo tiempo. La sensación duró un par de minutos y luego se perdió entre las sensaciones rutinarias que uno tiene al despertarse. Se mantuvo lánguida durante el resto del día, como un eco que vive detrás de los pensamientos: quizás más alla de donde estos se generan. Darle cabeza se me hacía imposible: ¿Qué significaba ser dos mientras se vive siendo uno? ¿Quién era el otro? O lo que más parecía excitar a mis sentidos: ¿Era yo el otro? Los días consecutivos pasaron sin ninguna eventualidad. Al despertar estaba más consciente de lo usual: pendiente de reconocer la presencia que me había visitado días atrás. Los sueños, si es que sucedían, eran los mismos de siempre: construcciones mezcladas de la imaginación y la realidad: no dejaban el sello que dejó la primera sensación sobre los ojos (una especie de pegajosidad que no se borra con frotar el agua sobre los ojos). Cuando el eco fue muy lejano como para recordarlo, volvió a suceder. Esta vez mientras estaba despierto. Ví al otro caminando sobre cuatro patas a mi costado izquierdo. Llevaba la mirada hacia abajo y el rostro muy cerca del suelo: como olfateando lo que ahí estaba. No hubo necesidad de preguntar nada por que el reconocimiento fue suficiente para traer el eco al momento presente: como una sacudida instantánea o como la invasión de la luz blanca de un bombillo en una habitación totalmente a oscuras. El miedo me mantuvo despierto por unas cuantas horas más y cuando, a la mañana siguiente, volví a despertar recordé que no había por que temer al viejo visitante que ha vivido conmigo (o dentro de mí) desde muchos años atrás. La familiaridad sustituyó al miedo y el alivio vino de reconocer que es mucho más fácil vivir con la primera que con la segunda. Lo que habrá que hacer es mantener el nivel de atención lo suficientemente afinado como para no volver a olvidar y además: no tener que pasar por un asalto como el de esa mañana y el consecuente estremecimiento que otorga la noche.

1 comentario:

Oscar Lee dijo...

Mas que algún tipo de miedo, el mal estar de que este ahí.