viernes, 10 de julio de 2009

Corte, pausa, acción

En algún lugar, durante mis veintidós años, mi vida y yo nos separamos. Para hacer de nuestra escisión algo definitivo, decidí mudarme lejos de ella. La última vez que nos vimos fue el bar más cercano de casa. Concertamos este sitio por cuestión de gusto mutuo. Los dos sabíamos que nuestra relación había comenzado en un bar: nada mejor que un par de copas para terminarla. No platicamos demasiado. El hastío era fácil de percibir. Nos despedimos con beso en la mejilla antes de la medianoche. En el sitio en donde me encuentro ahora he hecho todo lo posible por sustituírla. Para hacerlo de la mejor manera, uno debe hacerse de sitios favoritos, de relaciones breves e intesas; de largas y sostenibles. Se trata de conseguir asociar la efervescencia de los momentos con la tierra que uno pisa mientras los gesta. Lamentablemente, no he conseguido hacerlo. De alguna forma, el tiempo es pálido. La incesante presencia de la lluvia logra lavar los trazos burdos que dibujé sobre los rostros, las paredes, los árboles y cualquier otra cosa que tuve a mi alcance. Ayer por la tarde telefoneé a mi vida. Le dije que la llamada era para consultar sobre unos papeles que necesitaba tener en orden. Después del protocolo, entramos en calor. Sonreímos recordando buenos momentos. Hubo un silencio incómodo que corté fingiendo una visita. Le dije que me llamara cuando quisiera. Que estaba a la orden para cualquier consulta. La oí triste. Muy llana. Como ahora ya son más de las tres de la tarde y aún no he recibido llamada, he decidido llamarle de nuevo. Después de una pila de palabras atropelladas, dejé las excusas. Le dije que la extrañaba. Que no había podido construír otra vida. Que la mía era ella. Según lo que me comentó, no me costará reconocerla. Aún es flaca y fuma. Me dijo que me esperaría en el centro de la ciudad. Será mañana por la tarde. Que no me preocupara. Que no hay resentimientos de por medio. Que podemos retomar lo nuestro como si nunca hubiera existido pausa alguna. Que a ella si le gusta viajar. Que la próxima vez que parta podré llevarla conmigo. Que, si me animo, podemos construír una vida nueva los dos. Que a ella no le importaría engordar si es bajo la intención de inyectarle más vida a lo nuestro.

2 comentarios:

Forest dijo...

Puta jattoce....que profundo....te espero con un abrazo y varias cosas que contar.

Anónimo dijo...

me llega men