lunes, 1 de febrero de 2010

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  1. Hoy en día se toma con mucha ligereza eso de perder el alma. Aún, los más religiosos insisten en restarle mucho de su connotación para convertirlo en algo vulgar, algo que está al alcance de cualquier par de manos. Para ponerlo en algún contexto, perder el alma, según la doctrina cristiana, es básicamente condenarla. Entregarla voluntariamente a Satanás. Incluso bajo esta perspectiva, el hecho de perder el alma, la esencia humana, llevaría consigo algo de heroico. Heroico en el sentido de la intensidad que requiere hacerlo. Atar la mente a la idea. Definir un único camino: el camino al infierno. Dedicarse, a toda costa, a servirle a la antítesis de la Bondad.
  2. Si seguimos así, el mundo entero perderá el alma. Este mundo está encaminado a la perdición. Reirán ahora; pero, mañana, llorarán en el infierno. Definitivamente los ojos de estos señores han sido víctimas de cataratas de ceguera. El comportamiento promedio en el mundo está lejos de merecer la condena que alguna vez se mereció el alma del hombre antiguo. Nuestra historia esta llena de casis. De juegos mediocres, de hombres a medias. Ganarse la repulsión de Dios, de la grandiosa idea de un Dios que lo es Todo, requiere más que la evasión a la que está acostumbrado el hombre de nuestros tiempos. Solicita más que un tonto compromiso con las drogas o el dinero.
  3. Prueba fehaciente de lo anterior, se encuentra en el hecho de que ningún hombre en esta región ha sido arrastrado por algo más grande que él mismo. Sino, tambén, el que las muestras de arte personal oscilen entre las nimiedades de un mundo muy personal y específico, en lugar de hacerlo, con vehemencia, entre las interminables dimensiones del universo que, por cierto, el hombre ha olvidado: es lo que se lleva en el pecho.
  4. Entonces, estos hombres que aclaman la condena del mundo, más de la juventud, no han hecho más que caer en la trampa de los escrúpulos. Quizá llenos de una envidia espumosa que les hace imposible apartar la mirada de aquellos que, no más grandes que ellos, al menos son más libres. El mundo no está condenado al infierno. El mundo está condenado a algo peor.
  5. Para terminar de esclarecerlo, sólo hace falta contraponer el fenómeno con su opuesto. La luz, el Ángel, Dios, el Todo. Eso que representa la salvación del alma. La glorificación del hombre. El hecho que se designe como invariable opuesto el alma malformada del hombre de estos tiempos no hace otra cosa más que denigrarlo. Hacerlo menos. ¿Cómo es posible que el opuesto de la gloria sea ese machote de vergüenza? No, por supuesto que no. Ambos lados merecen su estatura. Los jugadores lo sabemos —independientemente del lado de la cancha en la que estemos.
  6. Entonces sí. Lo contrario a la grandeza sólo puede ser el Abismo. La Noche, El Diablo, La caída, La Nada. Visto así, se comprende que el mundo no está encaminado al infierno. Este mundo se dirige a un país sin dioses. A un lugar en donde el alma no tiene relevancia. Uno donde tanto 'condenados 'como 'salvos' son hombres vulgares. Uno en donde no habitan hombres; sino, receptáculos que pretenden serlo.

2 comentarios:

Carmen dijo...

no se porque pero cuando lei la palabra SATANAS no pude evitar una carcajada. Satanas, sueno mucho mas evil en espanol que en cualquier otro idioma que conosco. O quiza porque es mi lengua materna y se todo lo que va atras del empleo de esta palabra en nuestra cultura..

enfin me gusto mucho tu texto pero sobretodo tu razonamiento.

Mario Enrique Pacheco dijo...

Ahora entiendo ...