martes, 2 de junio de 2009

Tan sencillo como cruzar la calle

Conozco a un hombre al que se le acusa de locura por que se le pasan los días cruzando la calle J de un lado a otro. Cuando pregunté a los viejos de la cuadra por que se le había sentenciado así, me respondieron que una de las definiciones más usadas para categorizar la demencia era la que calificaba bajo esta naturaleza al hombre que realiza el mismo movimiento varias veces esperando un resultado diferente. Cuando le pregunté al acusado el por que de sus acciones, señaló que él no era un hombre que casaba con dicha definición. De acuerdo a su punto de vista, el hombre que cruzó la calle J de un lado a otro, por vez primera, no era el mismo que lo hizo más tarde en sentido opuesto. Observó, además, que a la luz de su descubrimiento se debería denominar como enajenado al hombre que no reconoce que lo que reside dentro de nosotros requiere de movimientos físicos tan sencillos como cruzar la calle J para transformarse en algo nuevo. Aclarado esto, resulta abrumadoramente obvio que este hombre se haya entregado con fervor a este movimiento bidireccional: no hay hombre que estando en sus cinco sentidos renuncie voluntariamente a todos los hombres que puede ser en una sola vida.

Bajo estos nuevos principios, concluí que en la cuadra que atraviesa la calle J hay más locos de los que creía y menos hombres de los que deberían.


1 comentario:

Stephanie dijo...

Simple, easy, lively