lunes, 10 de agosto de 2009

Entre nosotros dos: el mar

Hay un hombre frente al mar. No es la primera vez que se encuentra ahí: los pies en la arena, la mirada fija y, dentro de él, un vacío que sólo se sabe llenar con el vaivén de las olas oscuras. Hace no mucho tiempo estuvo otro hombre frente al mar. Tampoco era la primera vez que se encontraba ahí. También puso los pies en la arena y la mirada fija. También creyó que su oscuro vacío podía ser aplacado con toda el agua del mar. Entre el primero y el segundo apenas hay un año de separación. Entre el segundo y el primero hay una diferencia de profundidad que se sabe reconocer en la mirada. Lo que el primero sabe, aún no lo puede lo saber el segundo. Lo que el segundo no sabe, el primero lo conoce con toda propiedad. Sin embargo, los dos han estado de la misma manera frente al mar. Tanto el primero, como el segundo han sentido desde tiempo atrás una atracción inexplicable hacia lo que ahí reside. Los dos le han soñado. Los dos han guardado su sonido detrás de los ojos. La gran diferencia entre el que ahora se encuentra ahí y el que ahí estuvo radica en que para el segundo la tempestad está sólo en las olas; mientras que para el primero la tempestad está dentro de sí. La maravillosa coincidencia entre los dos es el tiempo. El tiempo que le tomó al segundo convertirse en el primero. El tiempo que le tomó al primero convertirse en el mar.

1 comentario:

Gerardo Gonzalez dijo...

este me gusto un monton